miércoles, 12 de noviembre de 2014

Mozambique 8/07/2013

Aunque con un año de retraso y por capítulos voy a contar mi experiencia en Beira (Mozambique).



Nos levantamos, como siempre, a las 5:30. Aquí amanece a las 6 de la mañana y anochece a las 6 de la tarde.

A las 6 desayunamos.

  • Paco, ¿como lleva tu mujer lo de esta separación?.
  •  Mal, ella no quería que viniera; dice que no merece la pena por 300 euros. Separar una familia que llevamos 30 años juntos por esa cantidad... Y la verdad es que podemos mantenernos con los 400 de cada uno, pero se van acumulando las averías que no podemos afrontar y necesitamos un respiro. Por cierto que hoy, precisamente, es su cumpleaños y mañana el de mi madre.
  • ¿Te has planteado engañarla... con alguna negrita de por aquí?
  • Ana, yo ya no tengo edad para líos de faldas (si esa pregunta va con segundas, la llevas clara; porque me das un asco que no soporto) (me temo que no voy a durar mucho en este plan. No hace más que hablarme de su soledad; que lo que peor lleva son las Navidades solitarias. No se habla con su madre, el exmarido la odia, el hijo le llama cada seis meses, su hermano no le habla y aunque fue a la Gomera para reconciliarse, el trato es muy frio, etc ¿no será que lo que quiere es comprarse un novio?)
Termina el desayuno y nos vamos a hablar con el Régulo Meta (el jefe de la tribu que hay a la entrada de su concesión). Ella ya ha hecho dos escuelas forzada por el Gobierno y las poblaciones locales y quiere negociar con este régulo una alternativa al colegio.

El Régulo, un africano orondo y risueño, vestido a la manera occidental, pero con ropa de segunda mano y sin zapatos, nos recibe amable. Tiene 5 esposas y 28 hijos que corretean por su casa (formada por un conjunto de cabañas a la manera Africana).

Ana le explica que no puede hacer el colegio y le propone hacer un hotelito para viajeros y un mercadillo de artesanía local. Los beneficios se los podrían repartir al 50%. Al régulo le parece bien pero le pide, además que contrate a su hijo. Ella asiente y se despide dándole unos cuantos billetes de manera disimulada. ¡Testigo del primer soborno de mi vida!. Hay un problema: convencer a la Comisión local; pero ya tenemos comprado al régulo. Mientras nos alejamos Ana dice que le ha dijo el 50% pero cuando esté hecho, le pasará el 30% y ella se quedar´con el 70%

Vamos a la base de Dampa a pagar el sueldo del mes anterior, hacer algunas contrataciones y repartir la ropa de trabajo.

El sueldo va de unos 100 a 200 euros al mes; además se les da comida y algo de ropa. El horario, ni se menciona pero se da por sentado que se come y se duerme en la empresa y se visita a la familia cada dos fines de semana.

La comida que se les da es un saco de harina de maíz con el que hacen una especie de puré denso. Si quieren carne la deben de cazar en el bosque; generalmente son unos roedores que aquí llaman ratas. Yo he visto asar uno y es parecido a un perrito de las praderas o a un suricata.

La ropa consiste en una camiseta nueva, un mono y un par de botas compradas en “las Calamidades” (la organización “Humana” tiene repartidas por toda Europa contenedores donde recogen ropa usada; la traen aquí, las clasifican en grandes naves industriales y las reparten por los pueblos para la venta).

Después de las pagas y las contrataciones, Ana reparte camisetas. Amarillas para los trabajadores de siempre, verdes para los que vuelven a la empresa y azules para los nuevos (el rojo está prohibido porque trae mala suerte). El ser fiel a al empresa tiene gratificación; así que los de las camisetas verdes lo tienen más crudo.

No se reparten los monos de trabajo no se porqué y las botas no se compraron porque el almacén de las Calamidades no preparó los sacos (se venden por kilos y Ana se hace pasar por una ONG para tener precios más ventajosos)
  • Ese es Selemene – me dice Ana – es nuestro fiscal.
Aquí llaman fiscal a lo que en España llamamos inspector. Su trabajo es enterarse de donde hay árboles maderables y cualquier otra cosa que pueda ser de interés a la empresa (una especie de espía).
  • ¿Ves lo elegante que está?. Seguro que lo han comprado para traicionarme. Hay que tener cuidado con Selemane.
¿Selemane elegante? ¡pobre hombre!. Alto y delgado con una botas de ir al monte, de 5ª mano, pantalones de tela rajados de la rodilla al tobillo. la camiseta de la empresa y una cazadora roja que le está demasiado grande. (En la foto se le puede ver al lado de Ana y con una rama en la mano).

Lo llevamos en la parte de atrás del Land Cruiser junto a otros trabajadores, a la zona de corte.

Antes de entrar vemos salir por "picada" (pista forestal de uso común) lindante con nuestra zona de corte, a un camión cargado de troncos de madera.

  • ¡Mi madera! - Grita Ana mientras conduce el Land Cruiser para entrar en su picada – ¡Inchope Madeira me está robando la madera! (Inchope Madeira es la empresa vecina de Euromoz) – ¡Lo sabía!, seguro que Selemane nos ha traicionado.
Para el vehículo y se dirige a hablar con Selemane que está en la parte de atrás. Le pega una bronca descomunal y le acusa de traición a la empresa. Él le explica que esa salida es la única que tiene Inchope ya que sus tierras no dan a la carretera nacional y que la madera es de ellos. Ella le dice que mañana sin falta inspeccionará la zona y demostrará que la madera es de ella.

Ya tenemos trabajo para el día siguiente.

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