domingo, 23 de noviembre de 2014

Mozambique 12/07/2013

Viernes 12 (sexta-feira 12)

Me mandó llamar al electricista para cambiar las bombillas de la fachada. Le dije que eso o podía hacer yo.
  • ¿Tu? y si te caes del andamio (las luces están en el techo de la planta superior). ¡Que se suba un negro!
Me compraron una llave para la casa y otra para el aserradero y nos fuimos al aserradero. La vez anterior me sometió a una prueba: un trabajador tenía un problema y me pidió que se lo resolviese. Le pregunté que quería y me dijo en un portugués que me cuesta entender:
  • La antena no tiene pilas
  • ¿Como son? – como veo que no me entiende le digo – Llévame y lo veo
  • ¡No me digas que no puedes resolver este problema – interrumpe Ana – ¡Como voy a confiar en tí si un problema tan sencillo como este no sabes resolverlo.
  • Esperate que vaya a verlo
  • Si es que no hace falta, está muy claro.
Al final resulto que lo de “la antena no tiene pilas” era más bien “A lanterna sem pilhan”; o sea que lo que no tenía pilas era la linterna. Pero bueno, si ella me hubiese dejado ir al sitio hubiese descubierto que lo que la antena que yo creía se trataba de una linterna (es un error típico del que no conoce el idioma, pero que se resuelve con gestos). De todas formas si no la linterna no puedo saber que tipo de pilas necesita.

Ana me proporcionó las pinas necesarias y me pidió que antes de dárselas al trabajador, firmase sobre ellas para asegurarse que no las roban (¡!).

Pero volvamos al día 12. Me volvió a enseñar el aserradero y las posibilidades que tenía.

El cuadro eléctrico que controla toda la maquinaria era de madera y tenía todos los mecanismos enterrados en serrín compactado.
  • Ana ¿has visto como está esto? - le digo - si salta una chispa todo esto se pone a arder y te quedas sin aserradero.
  • Déjate eso. Lo primero que tienes que hacer es clasificar los pneus (ruedas de repuesto) de los vehículos, en el almacén que te voy a enseñar.
¡Que obsesión con sus pneus! tiene como para poner una central de recambios.


Poco antes de irnos de allí me da unas fundas de gafa que me guardo en el bolsillo. Uno de los carpinteros dice que necesita una sierra (estaban cortando madera para hacer la reja que rodeará la casa donde vivimos). Nos dirigimos a una de las oficinas y se me queda mirando, como no reacciono me dice
  • Abre
  • No tengo la llave
  • ¿Como que no? te la acabo de dar.
  • ¿A mi?. Lo único que me has dado ha sido esta funda de gafas.
  • ¡Eso son las llaves!, están dentro. ¡No he visto un tío más inútil que tú!.
  • ¿Pero como voy a saber que dentro de una funda de gafas hay llaves? y no me voy a poner a registrar las cosas que me das.
Menos mal que no hubo bronca.

Como veis, a partir de mi decisión de volver a Alicante, se ha calmado mucho la cosa. Y no solo con migo. Ayer hubo un principio de bronca con la buenaza de Fátima, la cocinera, por guardar las patatas mojadas; pero cortó rápido y le pidió disculpas.

En fin, media hora para coger la sierra porque tiene llaves de departementos de la serrería, de cada una de las oficinas que hay en cada apartamento, de cara armario que hay en cada oficina, de cada cajón que hay en cada armario y de cada caja que hay en cada cajón de cada armario. A ella no le roba ni Hudini.

En la casa, tenía que instalar el Wifi, para que llegue a todos los lugares de la misma. Los técnicos nos habían dicho que necesitaban colocar un enchufe en el descansillo de la escalera; por ello. Ana me pidió que llamara al electricista y que viniera lo antes posible para que le de tiempo a que los técnicos a instalar el Wifi.


A las 15:30 aproximadamente, llegó y le indicamos el trabajo. Necesitaba una “tomada” (enchufe) de superficie, unos 7 metros de cable y unas grapas para fijar a la pared. Primer paso, ir al cajón de los restos de la demolición a ver si había algo aprovechable. No lo había y por lo tanto, hay que comprarlo. Como no se fía de encargárselo al electricista (que le va a cobrar 100 meticales (2.5 euros)) decide llamar a un motorista (conductor) para que nos lleve con su camión, a los tres, a comprar el material y de paso traer al técnico del Wifi.


Vamos Amado (el chofer) el electricista y yo a comprar el material. Yo lo pago y pido la factura pero me niego a regatear. Después nos vamos a por el técnico y hay un problema: está lloviendo y en la cabina del camión (un camión pequeño) solo caben tres y la parte de carga está al descubierto. ¿Quien va en la parte de atrás?. Yo me ofrezco pero los otros se niegan; están acostumbrados a que sean los negros los que vayan detrás. Les pregunto si hay algún problema con la policía si vamos los 4 delante y me dicen que no. Allá vamos achuchándonos un poco.

Llegamos a la casa y el técnico se pone a medir hasta donde va la señal para localizar el sitio correcto; mientras, el electricista espera. Son las 6, anochece y el electricista aún no ha podido comenzar. Ana le pregunta donde vive, si va en bicicleta y si esta tiene faro. No tiene faro y vive en la quinta puñeta; así que lo manda para su casa y me acusa a mí de falta de sensibilidad con los locales por no preocuparme por si tiene bicicleta con luces. ¡Pero si ha sido ella la que lo ha llamado y lo retiene hasta ver lo que dice el del Wifi. Este, por fin, se decide por un sitio y quedamos con electricista para que vuelva la mañana siguiente a hacer la instalación. Lo ha tenido toda la tarde y lo tendrá toda la mañana del sábado por 2.5 euros.

Antes de todo esto, el joven Victorino, como trabaja en el exterior de la casa y está lloviendo, me pide uno de los impermeables amarillos que tenemos para el personal (comprado en "as chinas"). Ana accede a dejárselo pero me manda que escriba en la espada, con rotulador y letra grande el nombre de Victorino. Y que lo devuelva antes de irse a casa. Obedezco en todo menos en lo último; como sigue lloviendo le dejo que se vaya a casa con el impermeable; y porque no teníamos botas de agua porque a la que tanto le preocupa que el electricista vuelva de noche en bici y sin luz, no le preocupa que Victorino vaya descalzo incluso los días de lluvia.

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