domingo, 23 de noviembre de 2014

Mozambique 11/07/2013

Me levanté con la tranquilidad que me da el saber que vuelvo a casa. Salí al exterior y saludé a los guardias de seguridad a los Victorinos (cuando tienen las manos mojadas te ofrecen el brazo; pero que porras a mi no me importa estrechar una mano mojada) y a Amado que le había tocado lavar el coche (siempre que está parado el coche hay un africano sacándole brillo todo el día)

Ana me llamó y hablamos largo y tendido sobre mi deseo de marchar. Ella reconoció que se excedía con sus gritos; que se comprometía a serenarse más si yo me comprometía a no ser tan exageradamente respetuoso y no me pasase el día justificándome (¡y me lo dice ella que no para de justificarse después de sus ataques de cólera!). En sus palabras hay una mezcla de reconocimiento de sus excesos aunque no quiera verbalizarlos y la preocupación por perder una inversión (aunque yo le repito que le devuelvo el dinero del viaje). Quedamos en probar hasta primero de agosto. Por cierto que se comprometió a mirar lo del cambio de fecha de los billetes de vuelta y aún no lo ha hecho; lo haré yo.

Esa día me dejó tranquilo. Se fue de compras con Amado y yo me quedé a atender al Sr Pita y a un electricista que tenía que venir. Como siempre, mi trabajo consiste en mirar como los demás trabajan (controlarles); cosa que me da apuro y cuando puedo me escapo para hacer algo en el ordenador.

El Sr Pita no vino, prefirió perder el dinero de los 3 días de trabajo con tal de no aguantar a la bruja.

Al finalizar la tarde nos reunimos para ver lo que se había hecho. Esta vez fue Amado al que se le olvidó recordarle cosas; pero en vez de meterle la bronca se puso a corregirle de manera suave. Una demostración de su esfuerzo por cambiar. Veremos cuanto le dura.

Decidió que al día siguiente iríamos al aserrasade (aserradero) a coger 4 sillas, no quería ver a los trabajadores comer en el suelo del patio trasero (como llevan haciéndolo años mientras la señora come en su gabinete). ¡Ya era hora!. Y luego se queja de estar sola. Tiene a Fátima, Victorino, Amado y Victorino pequeno y nunca se le ha ocurrido comer juntos o ver juntos la tele. Ahora quiere comprarse un proyector para ver películas de Internet proyectadas en la pared, Y las verá sola. (En la foto, la cocina comedor de los trabajadores).

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